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AUTOBIOGRAFÍA

La lógica me dice que comience mi autobiografía por el principio así que ahí te va. Se supone que en un principio no existía nada, sólo una masa de gases y polvo y después de una explosión se crearon los planetas de nuestro sistema solar ¿qué?, ¿ese principio no?… bueno está bien, empecemos pues el 05 de diciembre de 1974.

Salvo mi nacimiento no parece haber ningún otro suceso relevante ese día. A un par de kilómetros de las costas del Golfo de México, en el mismo lugar donde hace unos cuantos miles de años se asentaron los primeros sedentarios de la zona, mis ancestros los Olmecas, vi la luz por primera vez. Como todos los bebés, debí llorar al dejar la comodidad del seno materno, supongo (y espero) que mi mamá, como todas las mamás, habrá resaltado mi belleza natural (gracias madre).

Para entonces Veracruz no era lo mismo que vieron los Olmecas, tampoco era aquella tierra donde Cortés asentó el primer ayuntamiento de América, ni la ciudad que bombardearon los buques norteamericanos y las fuerzas francesas. Tampoco me preguntes cómo era porque no tengo la más remota idea, ¿a poco tú te acuerdas cómo era tu tierra cuando naciste?, pero seguro que no era la misma, como tampoco era la misma ciudad que hoy es.

Mi padre era originario de Alvarado Veracruz, sí allá donde saludar con una mentada es una forma cariñosa de demostrarle a alguien tu aprecio. En realidad no sé que estaba haciendo por Oaxaca pero lo cierto es que de allá se fue a robar a mi mamá. Creo que “robar” no fue literal, pero en esta época de todas formas sería un delito (salvo que tuviera muchos millones y saliera en TV), ya que mi mamá tenía 22 y mi viejo 55 para entonces. Al parecer permanecieron en aquel estado algunos años más, allá nacieron mis primeros hermanos, después cambiaron de residencia a un rancho cercano a Alvarado donde nació la siguiente “camada” de hermanos. Para cuando yo nací mis padres tenían 1 año de haberse mudado al puerto de Veracruz. Allí mismo, después de mí, nacieron mis últimos hermanos.

Mi infancia fue normal, ninguna novela dramática ni película de Hollywood se podrá escribir con mi historia. Crecí queriendo ser “Chucho el roto”, aquel que estuviera encerrado en San Juan de Ulúa (el último reducto de los españoles después de la independencia) y que le robaba a los ricos para darle a los pobres, algo así como el Robin Hood mexicano. Como la mayoría, lloré como una Magdalena cuando mi mamá me dejó en el Kinder por primera vez y por más que me aferré de su pierna terminé sentado en un banquillo de 15 cms de alto donde aún me colgaban los pies. Mientras estudié la primaria conocí a “la pinta” y no era ninguna niña pecosa sino la inasistencia a clases no consentida por tus padres, también empecé a jugar béisbol en un parque cercano a casa y a través de ello hice mis primeros viajes con la selección. Como estudiante era medio flojo, supongo, aunque alguna vez fui parte de la escolta y también dije el credo, “privilegio” concedido a alumnos destacados, sí yo también me pregunto “¿destacados en qué?”

La secundaria estuvo muy divertida, los primeros amores, las primeras tardeadas, decenas y decenas de quinces, beisbol con sus viajes, muchas pintas, los primeros carnavales, las primeras tentaciones (alcohol, cigarro, etc) y gracias al ejemplo de mi familia, mis primeras victorias sobre ellas, ya que nunca pasaron de ser sólo una tentación. Por aquella época mi padre llevaba ya algunos años de ganadero retirado, años antes habían vendido todo y vivíamos de las rentas que dejaba el banco (en otras épocas se podía vivir así), con la devaluación de inicios de los 80′s la economía familiar cambió, y por lo cual, la secundaria también fue la época de mis primeros trabajos. Como el “mil usos” fui ayudante de talleres de mecánica, de taller de laminación y pintura (donde por cierto me quemé la rodilla con un soplete, pero no quedé de este color por ello, así soy de nacimiento), ayudante de taquero, ayudante en una fábrica de block, y desempeñé algunas otras ayudantas más. Pero mí puesto cumbre fue el de “cerillo” aquel que acomoda las cosas en el supermercado. Con ese puesto podía ganar 10 pesos diarios libres, además de al menos un par más para los tacos y los camiones. Fue una gran época aquella, ganaba muy bien para mi edad. Como estudiante fui de regular a malo, aunque durante los 3 años sólo reprobé Mate III.

El bachillerato fue una época importante en mi vida estudiantil, después de un semestre decidí dejar el año, según no era mi intención dejar la escuela para siempre, pero muchos de los que dejan la escuela para siempre dicen lo mismo en su momento. Después de salirme de la escuela, entré a trabajar medio tiempo en la fábrica de block que estaba en frente de la casa y medio tiempo en la fábrica de alimento para pollos y cerdos. Yo tenía 15 años y un cuerpo de galgo mal comido (no porque estuviera mal comido, sólo por mi desgracia), sí ya se que las cosas no han cambiado mucho, pero en aquel entonces estaba peor. Los blocks no pesaban mucho pero después de cargar durante horas los camiones, sentía que cada block me desgarraba la espalda. Había en esa fábrica una secretaria que estaba siempre sentada en el clima de la oficina y sólo contestaba el teléfono, ella ganaba varias veces lo que yo, y entonces quise regresar a la escuela. Aquella experiencia me sirvió para valorar el estudio y al siguiente semestre regresé a la escuela.

Como estudiante cambié mucho, creo que para bien, ya no era un requisito solicitado por mis padres, sino era una cuestión de convicción. En esa época cambié de deporte, ahora jugaba básquetbol y como en tierra de ciegos el tuerto es rey, pues también destaqué y me pasee otro rato con la selección de la escuela. Michael Jordan (MJ) estaba en su apogeo y se convirtió en mi ídolo. Mientras estudiaba bachillerato ya no trabajé en fábricas, ahora limpiaba un despacho contable y vendía copias en toda la escuela (muy buen negocio por cierto), el último año di clases por primera vez en mi vida, ayudaba a chavos de primero con mate y física.

La universidad me consolidó como estudiante, mejoré mucho pues ya aprendía por el placer de saber. Allí conocí a mi ahora esposa, y después de insistirme día y noche caí en sus redes (esto no es del todo cierto, pero es mi autobiografía! ella que escriba la suya). MJ se retiró por primera vez en estas épocas y fiel a él, cambié de deporte y me volví futbolista (sí ya sé que es ridículo, pero qué le hago). Mientras tanto empecé a trabajar en escuelas de computación, de esas escuelas chafitas de las que abundaban hace unos 8 años, ganaba 7 pesos la hora.

Poco antes de salir de la universidad empecé a dar clases en una escuela algo más organizada donde ganaba 20 pesos la hora y pagué impuestos por primera vez, también daba clases de Excell y Powerpoint en algunas empresas. Mi hermano mayor entonces me apoyé y pusimos un Café Internet, del cual yo no era dueño, sólo empleado y mi objetivo era dejárselo a mi familia como negocio. Así fue, después de unos meses, el negocio estaba arrancado y yo decidí buscar trabajo. Me fui al DF ya que allí vivía mi hermano y conseguí trabajo, sólo aguanté 4 meses pues la vida en esa ciudad me resultó insoportable.

En abril de 1999 llegué a trabajar al Tecnológico de Monterrey en la dirección de informática, hice el examen para ingresar a la maestría, pues era una prestación que quería aprovechar, fui aceptado y por el puntaje pude conseguir una beca de excelencia, lo cual implicaba que podría dejar de trabajar para terminar más rápido la maestría y tendría beca del 100% y una manutención. Para acceder a la beca debía trabajar en un centro de investigación así que toqué la puerta en el Centro de Sistemas de Conocimiento (CSC), donde laboro desde el 01 de enero de 2000. Mientras hací­a la maestría era becario dando el soporte de informática e investigando sobre TI’s de soporte a Administración de Conocimiento (KM).

En agosto de 2001 terminé mi maestría y el Tec me dio un contrato como eventual, y trabajé un año aproximadamente en un proyecto con PEMEX cuya sede estaba en Cd. del Carmen. En agosto de 2002 me dieron mi planta como profesor en el Tec. Desde entonces he participado en proyectos de consultoría con empresas como AHMSA, PEMEX, CFE, VW, Cemex, Prolec, Liverpool, Mabe y otros más. Me he especializado en temas relacionados con el uso de las TI’s para KM y el aprovechamiento de la Memoria Organizacional.

El año 2003 fue importante para mí pues el 21 de Mayo murió mi padre a los casi 93 años, un par de meses después inició mi doctorado en Innovación Educativa, el cual terminé en diciembre de 2009. Llevo 20 semestres como profesor de planta en el Tec y desde entonces doy clases sobre Administración de Conocimiento y Tecnologías de Información. He tenido oportunidad de impartir cursos o dar alguna ponencia en varias ciudades de México y algunas del extranjero como Bogotá, Medellín, Clermont-Ferrand, Alicante, Madrid, Panamá, Managua, Caxias do Soul.

Me gusta mucho “cascarear” (jugar un sólo por diversión) con mis amigos y todos los lunes y miércoles nos juntamos a jugar futbol soccer. Mi grupo favorito es Mago de Oz y el libro que más me ha gustado es “Animal Farm” de George Orwell.

Gabriel Valerio