Para aprender: “ni sobra el que está, ni falta el que no vino”

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Fuente de imagen: www.dreamstime.com

La primera vez que me fui de pinta (hacer todo el proceso de ir a la escuela, pero irte de vago y no entrar a clases) tenía 10 años.

En la primaria me iba a entrenar baseball. En la Secu nunca me dejaban entrar porque no traía el cabello bien cortado, no llevaba la camisa oficial, los tenis indicados, la tarea, y ya no sé no por qué más; así que aprendí a brincarme la barda para entrar (¿Ven que sí quería estudiar?) y luego me di cuenta que esa habilidad era mejor aplicarla en el sentido inverso, para salir (¿pero qué haces atarantado, si allá afuera está el carnaval?). En el bachillerato y la universidad ya no odiaba tanto la escuela, sólo entrar a clases, así que asistía regularmente a la escuela, pero no tanto al salón de clases.

A pesar de ello, durante mi vida he intentado aprender tanto como he podido. Si no sé más es porque estoy muy buey, porque no he sabido sacarle más provecho a esa cosa que cuelga sobre mis hombros. A mí siempre me gustó aprender, lo que nunca me gustó fue la escuela. A pesar de ello creo que lo mejor de ser alumno, e ir a la escuela, es la posibilidad de que un profesor te facilite el aprendizaje.

Hay un tipo de alumnos y un tipo de profesores que no me agradan mucho: los profesores que culpan a sus alumnos de no poderles enseñar debido su “déficit de atención” (la de los alumnos); y los alumnos que culpan a sus profesores por no aprender por su “déficit de atracción” (la de los profesores). Quizás no me gustan porque ambos me recuerdan a mí, y mis errores.

La docencia sin aprendizaje es un sinsentido; pero el aprendizaje puede tener perfecto sentido sin un docente. Ya lo dijo Wikipedia, el autoestudio, las experiencias, la reflexión y la observación pueden ser excelentes maestras. Por un lado los profesores no podemos excusarnos en que nosotros enseñamos y es rollo del alumno si no quiere aprender, porque el fin de la docencia no es en dar una clase sino que el alumno aprenda. Por el otro, los alumnos no podemos excusarnos en que no aprendimos porque el profesor no enseñó, porque en la mayoría de los casos “el que verdaderamente quiere aprender puede hacerlo con el profesor, sin el profesor y a pesar del profesor”.

En conclusión: no nos hagamos bueyes… “ni sobra el que está, ni falta el que no vino”.

Referencia: ¿Déficit de atención de los alumnos o déficit de atracción de los profesores?