A propósito del cubetazo!

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Algunos me han pedido mi opinión sobre el célebre “Ice Bucket Challenge”, como no tenía claro qué pensar de ello, ni estaba muy interesado en el asunto, salía del paso contestando: “ni que fuera la reencarnación de Carlitos Monsivaís, como para poder opinar sobre cualquier cosa”. Por coincidencia me han invitado a platicar en la radio y presiento, para mi desgracia, que éste será tema de conversación. Así que ni modo, saco a la Carmencita Salinas que todos llevamos dentro y les digo lo que creo… aunque a nadie le importe.

Desde la perspectiva del que lanzó la campaña. Me parece una movida genial, un excelente ejemplo de ingeniería social. Un ejemplo de cómo las características del hombre, como especie, hacen que seamos moldeables, persuasibles, manipulables. En lo dicho, somos seres simbólicos, sociales y “racionales”. Somos seres simbólicos, el reto se hizo viral porque personas “importantes” lo hicieron; ellos son un símbolo de “éxito” y todos queremos ser como ellos, tener éxito; somos seres sociales, nos encanta sentirnos parte del grupo, sobre todo del grupo exitoso, así que la presión social nos arrastra; somos seres “racionales”, así entre comillas, porque nuestro primer instinto es buscar la gratificación inmediata de correr con la masa, sin pararse a pensar si realmente queremos ir para donde van ellos. Somos simplemente humanos.

Desde la perspectiva del que hace el reto (Y lo comparte en Facebook). Pienso lo que muchos de ustedes, que para la gran mayoría (pero estoy muy seguro que no para todos) es una oda al ego. Ya lo saben, el narcisismo suele ir por allí disfrazado de altruismo. En nuestra sociedad, por desgracia, lo importante no es ser bueno, sino parecer bueno. Sin embargo, creo que ésto (hacer el reto y compartirlo) es necesario (para la causa), es casi obligatorio (no es obligatorio tirar el agua, prefiero las otras variantes) para las figuras públicas. Será narcisismo, o será el sereno, pero funciona. Si no se comparte (sobre todo si eres un personaje público) no hay presión social; si no hay presión social, por desgracia, no hay dinero para la causa.

Desde la perspectiva del que critica a los que hacen el reto por tirar el agua. Estoy de acuerdo, no hay que tirar el agua. Sin embargo, creo que la gran mayoría somos sólo unos hipócritas. Lástima que no soy omnisciente (no puedo saber lo que están pensando, ni lo que hicieron), pero podría apostar mi fortuna (que no es mucha) que la mayoría de los que criticaron no pensaron en ello la siguiente mañana, cuando se bañaron y tiraron el agua de lo lindo. Es decir, estoy muy de acuerdo con la crítica (debemos cuidar el agua), pero no con el crítico de sillón (sin acciones). Para los que critican y desde entonces cuidan más el agua… bravo!

Desde la perspectiva del que critica a los que hacen el reto por narcisistas. Muchos criticaron el hecho de hacer pública su participación y en general estoy de acuerdo, normalmente no hay necesidad de vanagloriarse tanto. Sin embargo, sin este cachondeo comunitario no habría habido tanta presión social, habría menos participación y, por lo tanto, menos recaudación. Si bien creo que nadie tiene obligación de apoyar alguna causa en específico (porque tiene todo el derecho a apoyar la causa que quiera, así sea a la suya), creo que, cuando se trata de ayudar al prójimo, prefiero un narcisista generoso que un crítico perezoso y avaro. A los dos les tengo que escuchar sus pavoneos, pero al menos a uno le puedo sacar la cena. Los que critican las formas, proponen mejores opciones y las aplican… aplausos!

Desde la perspectiva del que no ha sido invitado a hacer el reto. Lo sé, están desesperados porque alguien los invite. Tranquilos, no se apuren, siempre puede decir como el zorro en la fábula de Esopo, “al cabo que ni quería”.

Fuente de imagen: businessinsider.com