Claro que House tiene razón, todos mienten… y en Facebook más

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Sí, lo confieso, coincido con muchos de los principios filosóficos del Dr. House. Lo confieso, si eligiera un personaje que me represente ese sería el Dr. House (aunque no al 100%). Pero como yo no quiero confesarme, ustedes no son precisamente un sacerdote e Internet no es un confesionario…  hasta aquí las confesiones.

El punto es que dentro de los axiomas básicos del mentado House está el famoso: “todos mienten”. Eso no lo descubrió House, a menos que vivas a Ingenuilandia, sabes que todos mienten y podrías reconocer que tú también lo haces. Sí, ahora estarás diciéndote a ti mismo: “pero mis mentiras son siempre piadosas, para no lastimar a los demás”. Pues esa es otra mentira, aunque quizás ésta sea inconsciente.

Los científicos han descubierto que nuestro cerebro no busca la verdad, sólo busca que sobrevivamos, que llevemos la fiesta en paz, que nos sintamos bien con nosotros mismos. ¿Qué quiere decir esto? Que no sólo mentimos de forma consciente sino también de forma inconsciente (que mentimos convencidos de que es verdad). En palabras de Cordelia Fine: “…nuestro cerebro trata de convencerse siempre de la opción más cómoda, de la que concuerda mejor con su propia realidad. Por eso memoria e inconsciente se encargan de ajustar lo que no encaja, de cambiar lo que no gusta, de eliminar lo que duele y de ensalzar lo que agrada.”. En corto, que vivimos engañados por nosotros mismos.

Tampoco es para hacer un drama, la humanidad ha vivido con la mentira desde siempre (aprendemos a mentir desde que somos bebés, primero con el llanto y luego con la sonrisa). Pamela Meyer dice que cada día nos mienten entre 10 y 200 veces;  que cuando dos extraños se conocen, se mienten al menos 3 veces en los primeros 10 minutos de plática; y que un matrimonio promedio miente en una de cada 10 interacciones. También que los extrovertidos mentimos más y que los hombres mienten 8 veces más cuando hablan de sí mismos, que cuando hablan de otras personas. Eso no quiere decir que porque te digan 10 mentiras, te engañen 10 veces. La mentira es un acto individual pero el engaño es un acto colectivo. He aquí lo interesante, solemos decir que detestamos la mentira pero nos encanta que nos engañen.

Todos somos vulnerables al engaño, pero no a todos nos engañarán con lo mismo. Nuestra fortaleza contra el engaño tiene puntos débiles y esos son nuestros deseos. Un deseo es aquello que quisieras ser o tener. El tamaño de la brecha entre lo que quieres ser o tener y lo que realmente eres o tienes, es el tamaño de tu vulnerabilidad. Si deseas ser un mejor esposo, deseas ser más guapo, deseas ser más popular, deseas que alguien te ame,  entonces serás más vulnerable al engaño en esos rubros. De aquí las preguntas retóricas como: ¿cómo se me ve el vestido? o ¿alguno de tus novios anteriores besaba mejor que yo? Ninguno espera que le contesten la verdad. Detestamos la mentira, pero nos encanta que nos engañen.

Mucho rollo (en honor a Betty), lo que realmente quería reflexionar (pero ya no haré porque ya escribí demasiado), mucho más con una postura curiosa y divertida que crítica, es lo que sucede en Facebook. Creo, y aclaro que creo, que ningún lugar como allí para dar rienda suelta al arte de construirnos una “realidad” más placentera.  Retomo a Cordelia Fine cuando dice que nuestra memoria e inconsciente se encargan de:

  1. ajustar lo que no encaja: ¿Cuántas historias falsas de fotos se habrán contado?, ¿cuántas frases que no ponemos en práctica habremos compartido?
  2. cambiar lo que no gusta: ¿Cuántas fotos se habrán editado antes de subirlas?
  3. eliminar lo que duele: ¿Cuántas fotos con los ex se habrán eliminado?, ¿cuántos mensajes incómodos habremos borrado?
  4. ensalzar lo que agrada: ¿Cuántas fotos de viajes, festejos, convivios, habremos subido?

Nada de esto creo que sea, necesariamente, algo negativo. De hecho pareciera que es tan solo una extensión de lo  que ya hace nuestro cerebro de forma inconsciente. Facebook, representa gran parte de nuestra memoria construida. En unos años, cuando revise mi perfil de Facebook y vea esta foto seguramente diré convencido: “Wow!, fue delicioso disfrutar de Granada desde la Alhambra!”. Pero la realidad pudo ser muy distinta, quizás cuando me tomaron la foto yo sólo pensaba “Ojalá y no se me vea la nariz porque es horrible.  Creo que me la voy a operar”.  Quizás estaba más preocupado por la evidencia de que estuve que por estar; quizás estaba más preocupado en dejar plasmada una imagen del pasado que pudiera recordar en el futuro, que por estar presente; quizás sólo estaba allí, como pescado en pescadería, con los ojos abiertos pero sin ver, sin oír, sin sentir. Quizás, o quizás no.

En fin, mejor no me creas… anda y experimenta! (como dijera Txus).

Referencias básicas: