El ingenioso universitario Don Mitote de la Bandancha

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El Ingenioso Universitario. Don Mitote de la Bandancha

Acepto que nunca he leído completo al Quijote. Sin embargo siempre que retomo su lectura la disfruto. El personaje del Quijote me encanta.  El Quijote tiene tanta energía y está tan loco que me recuerda a mis estudiantes universitarios. Cuando digo loco, lo digo con verdadera admiración. Solemos llamar loco al que se sale del molde, al que dicta sus propias reglas, al que ríe, baila, salta, corre sin aparente sentido. Disfruto su libertad. Solemos llamar loco al que piensa por si mismo (o al menos lo intenta), al que tiene un alma libre. El Quijote era un loco, un loco adorable, como suelen ser mis estudiantes.

Les dejo un pequeño ejercicio, que no pretende ser más que un juego. Pretender hacer una nueva versión del Quijote sería un sacrilegio. Lo único que intento es plasmar, en corto, lo atemporal del Quijote y lo parecido que pueden ser los universitarios a él. Bendita juventud.

 

Capítulo Primero (y único)

Que trata de la condición y ejercicio del famoso universitario D. Mitote de la Bandancha

En un lugar de la Bandancha, de  cuyo  nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un universitario de los ipad en el casillero, personalidad ambigua, con un amigo naco y muy comunicador. Una despensa con algo más cerveza que comida, tacos las más noches, gorditas y jugo los sábados, hamburguesas los viernes, algún cereal de propina los domingos, consumían las tres partes de su depa.

Rondaba la edad de nuestro universitario en los veinte años, era de complexión recia, seco de carnes, delgado de rostro; gran trasnochador y amigo de los deportes. Se dice que tenía el sobrenombre del Mitotes o Mitotin (en esto hay diferencias entre los autores que de ello escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Milton; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración de él no se salga un punto de la verdad.

Es, pues, de saber, que este sobredicho universitario, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a revisar  todo lo escrito en las redes sociales con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto de la práctica del deporte, y aún la administración de su depa; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchos videojuegos de su colección, para pagar su conexión de banda ancha; y así consultaba tantas redes sociales, todas cuantos pudo haber de ellas.

Mas cuando llegaba a revisar aquellos post y memes, donde en muchas partes hallaba escrito: la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra hermosura, y también cuando leía: los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas se fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza. Con estas y semejantes razones perdía el pobre universitario el juicio, y desvelábase por entenderlas, y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara, ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para sólo ello.

En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer en Facebook, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los redes, así de encantamientos, como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles, y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo.

En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra, como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, e irse por todo el mundo con su computadora y su auto a buscar las aventuras, y a ejercitarse en todo aquello que él había leído, que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos, cobrase eterno nombre y fama.

Habiendo preparado sus armas (su computadora y su celular). Fue luego a ver a su auto, y aunque tenía más golpes que un boxeador, y más rayones que una banca de primaria pública, le pareció que ni Kitt el auto increíble, ni el General Lee de los Dukes de Hazard,  con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría: porque, según se decía él a sí mismo, no era razón que auto de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y así después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin le vino a llamar CAMINANTE, nombre a su parecer alto, sonoro y significativo. Puesto nombre y tan a su gusto a su auto, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento, duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar DON MITOTE. Así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de su reino, y llamarse DON MITOTE DE LA BANDANCHA, con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre de ella.

Listas, pues, sus armas,  puesto nombre a su auto, y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa, sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores, era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma. Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza bailadora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque según se entiende, ella jamás lo supo ni se dio cuenta de ello. Llamábase  Lorenza, y a ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla LUCINEA DE MONTEMORELOS, porque era natural de Montemorelos, nombre a su parecer músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto.

Fuente de imagen: semananews.com

  Elaborado por Gabriel Valerio