¿Déficit de atención de los alumnos o déficit de atracción de los profesores?

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Más de una vez he escuchado a profesores quejándose amargamente que los alumnos no les ponen atención. Quizás hasta yo lo hice alguna vez. Que están enviciados con el celular, que Facebook, Google y Youtube son distintas instancias del mismísimo demonio del aprendizaje. “Antes respetábamos a los profesores, antes sí queríamos estudiar, antes sí pensábamos”, antes, antes, antes. Como dijera el filósofo de Guemes: “Yo soy de antes, pero vivo ahora”. Yo estudié antes, pero sigo en las aulas ahora.

Hace 20 años estaba en la universidad, no tenía celular, ni Facebook, ni Google, ni Youtube. Sin embargo, en la mayoría de mis clases perdía todo interés por lo que decía el profesor. En los primeros minutos me perdía para siempre, quizás no mandaba mensajes por el celular, quizás no veía videos en Youtube, incluso quizás miraba fijamente al profesor, pero igual no ponía atención alguna. Estaba, digamos, como pescado en pescadería: tenía los ojos abiertos, pero no veía nada (ni escuchaba, ni sentía, ni nada).


Fuente de imagen: http://www.wradio-merida.com

El sitio psicodepagogia.com define operacionalmente el déficit de atención como: “la ausencia, carencia o insuficiencia de las actividades de orientación, selección y mantenimiento de la atención, así como la deficiencia del control y de su participación con otros procesos psicológicos, con sus consecuencias específicas.” Para fines prácticos si tienes esta enfermedad… te perdimos.

Personalmente no creo que, en general, los alumnos tengan déficit de atención. Me parece que es más probable que los profesores tenemos déficit de atracción. Carecemos de la capacidad de atraer la atención de nuestros alumnos. En general los estudiantes pueden, sin mayor problema, mantener su atención en las cosas que les interesa. Mi sobrino pone sus cinco sentidos, y su mente, en total atención a su Xbox. Cuando juega no hay fuerza en este mundo que lo desconcentre. Seguramente hay casos clínicos con este padecimiento, pero el resto seguramente son tan normales como lo era yo hace 20 años.

Quizás los profesores deberíamos reflexionar sobre el tema. Sé que habrá profesores que se sientan ofendidos ante mi postura y dirán: “¿por qué he de divertirlos si la escuela no es un antro?, yo no soy ni cómico, ni artista, soy un profesor y vengo a dar clases”. Yo no creo que a los profesores nos paguen por dar clases, por enseñar, yo creo que nos pagan por procurar el aprendizaje de los alumnos. Podemos dar la mejor de las cátedras, reflexiones importantes, retórica excelente, casos excelsos, pero si no captamos la atención del alumno, de muy poco sirve. Gran parte del éxito de una iniciativa de enseñanza-aprendizaje radica en captar la atención de quien va a aprender. Crear la conexión es un ingrediente básico.

Esperar que todos nuestros alumnos lleguen a nuestras clases con el objetivo de aprender es casi utópico, la mayoría de ellos llega con el objetivo de aprobar. Mentiría si dijera que yo siempre tuve la intención de aprender, la mayoría de las veces sólo quería una calificación aprobatoria. La relación profesor – alumno es una relación de amor no correspondida. El profesor ama enseñar (así tendría que ser por definición), pero el alumno no siempre ama aprender. El trabajo del profesor es desarrollar ese amor en el alumno, pero el primer paso para enamorar a alguien es siempre captar su atención. Los sapos croan con fuerza, el pavorreal expone sus bellas plumas, los hombres visten ropa de marca ¿y tú profesor?

Fuente de imagen: http://ambulofobia.blogspot.mx/