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Todo tiene su momento, y las redes sociales también.

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¿Crees que la hora del día, o el día de la semana, en que le des una noticia a tu novia, papá o jefe puede afectar su reacción?

Lo sé, son muy listos, saben que la respuesta es un rotundo sí. No es lo mismo mostrarle las calificaciones a la mamá un domingo después de la misa, que un lunes a las 8:00 am, cuando va manejando en medio del tráfico. En las redes sociales es lo mismo, el número de likes, comentarios y shares que recibe un mensaje depende, entre otras cosas, del momento en que se publica. Aunque muchos de ustedes no lo leerá.

En este articulo, publicado en la revista Palabra Clave, se analiza el momento en que publican los administradores de las Fanpages de 28 universidades mexicanas y la reacción que éstas generan. Se analizaron 31,590 publicaciones y la conclusión básica es que los administradores de las Fanpages de las universidades mexicanas analizadas no siempre publican en el momento más adecuado.

Lo cual no es tan raro, porque nosotros muchas veces solemos hablar cuando deberíamos callar y callar cuando deberíamos hablar.

Referencia básica:

Valerio, G., Herrera-Murillo, D. J., Rodríguez-Martínez, M.C. Septiembre de 2014.
Asociación entre el momento de publicación en las redes sociales y el engagement:
estudio de las universidades mexicanas. Palabra Clave 17 (3), 749-772.
DOI: 10.5294/ pacla.2014.17.3.8

Muros de Facebook vemos, intenciones no sabemos

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Hasta hace muy poco no entendía por qué la gente suele postear cosas como: 1) “yumi yumi comiéndome una hamburguesa (foto de la hamburguesa)”; 2) “ay buey, ya me está haciendo efecto la hamburguesa (foto de la panza del individuo)”; 3) “aaaahhh, adiós maldita hamburguesa (foto de…)”; y un sinfín de ejemplos similares.

La comunicación es un proceso mediante el cual se trasmite información, sentimientos y pensamientos, con una intencionalidad (Sanchis, 2005). El propósito final de toda comunicación es conseguir una respuesta. A través del mensaje o discurso, el orador desea actuar sobre el pensamiento o la conducta de los oyentes (Monroe, 1973). Desde hace muchos años se reconoce la existencia de tres tipos generales de propósitos del discurso: entretener, informar y persuadir. Para entretener, un discurso busca una respuesta de agrado; para informar, persigue una mayor comprensión y; para persuadir, requiere una respuesta de convencimiento o acción (Monroe, 1973).

El hecho de que cada discurso deba tener únicamente un solo propósito general predominante, no implica que no puedan usarse los demás. En ciertas ocasiones será necesario entretener para poder luego informar, y casi siempre habrá que informar en  el proceso de persuadir (Monroe, 1973).

Así que creo que cuando publicamos en Facebook, o en Twitter, también buscamos informar, entretener o persuadir. Como no podemos leer la mente de las demás, a veces juzgamos los mensajes de los demás desde nuestra óptica, y nos parecen absurdos, sin saber realmente qué busca el emisor. Asimismo también olvidamos que nosotros somos solo uno de los receptores del mensaje, pero hay muchos más personas que quizás tiene necesidades distintas a las nuestras al entrar a Facebook (y quizás disfrutan de dichos mensajes).

Como cualquier persona que utiliza algún medio de comunicación, una persona que entra a Facebook pueden buscar satisfacer cualquiera de éstas necesidades: (1) cognitivas: información, conocimiento, comprensión del medio ambiente, curiosidad, exploración; (2) afectivas: experiencias emocionales y placenteras; (3) integrativas individuales: autoestima, confianza y estabilidad individual; (4) integrativas sociales: afiliación, pertenencia a un grupo; (5) escapistas: diversión, alivio de tensiones (Katz, Gurevitch y Hass, 1973).

Como profesor mi principal labor no es entretener, que para eso está Homero Simpson y lo hace muy bien; tampoco es informar que para eso están los noticieros y demás fuentes de información; mi principal labor es persuadir al estudiante a aprender, experimentando, reflexionando, leyendo, escuchando. Sin embargo, para poder persuadir muchas veces tienes que entretener e informar. Ya lo dijo Aristóteles hace como 2400 años, para persuadir requieres ethos (credibilidad o autoridad de quien da el mensaje), pathos (las emociones que desencadena el mensaje) y logos (la lógica del mensaje).

Estoy seguro que así como yo he criticado alguna vez al que publica una tontería (desde mi óptica), también más de una vez he sido criticado por decir chistes y hacer bromas en clase. Ya podré defenderme diciéndoles que “así como muros vemos intenciones no sabemos; actividades en clase vemos, objetivos de aprendizaje no sabemos”.

Referencias:

Katz, E., Gurevitch, M. & Hass, H. (1973). On the Use of the Mass Media for Important Things. American Sociological Review 1973, 38, 164-181

Monroe, A., & Ehninger, D. (1973). La comunicación oral: técnica y arte del discurso y del informe / por Alan H. Monroe, Douglas Ehninger; traducido por Juan Farré Miró. Barcelona (España): Editorial Hispano Europea [1973?].

Sanchis, J. (2005). Comunicar con éxito: teoría y práctica de la comunicación / José Luis Sanchis. [Barcelona]: Gestion 2000, c2005.

Para aprender: “ni sobra el que está, ni falta el que no vino”

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La primera vez que me fui de pinta (hacer todo el proceso de ir a la escuela, pero irte de vago y no entrar a clases) tenía 10 años.

En la primaria me iba a entrenar baseball. En la Secu nunca me dejaban entrar porque no traía el cabello bien cortado, no llevaba la camisa oficial, los tenis indicados, la tarea, y ya no sé no por qué más; así que aprendí a brincarme la barda para entrar (¿Ven que sí quería estudiar?) y luego me di cuenta que esa habilidad era mejor aplicarla en el sentido inverso, para salir (¿pero qué haces atarantado, si allá afuera está el carnaval?). En el bachillerato y la universidad ya no odiaba tanto la escuela, sólo entrar a clases, así que asistía regularmente a la escuela, pero no tanto al salón de clases.

A pesar de ello, durante mi vida he intentado aprender tanto como he podido. Si no sé más es porque estoy muy buey, porque no he sabido sacarle más provecho a esa cosa que cuelga sobre mis hombros. A mí siempre me gustó aprender, lo que nunca me gustó fue la escuela. A pesar de ello creo que lo mejor de ser alumno, e ir a la escuela, es la posibilidad de que un profesor te facilite el aprendizaje.

Hay un tipo de alumnos y un tipo de profesores que no me agradan mucho: los profesores que culpan a sus alumnos de no poderles enseñar debido su “déficit de atención” (la de los alumnos); y los alumnos que culpan a sus profesores por no aprender por su “déficit de atracción” (la de los profesores). Quizás no me gustan porque ambos me recuerdan a mí, y mis errores.

La docencia sin aprendizaje es un sinsentido; pero el aprendizaje puede tener perfecto sentido sin un docente. Ya lo dijo Wikipedia, el autoestudio, las experiencias, la reflexión y la observación pueden ser excelentes maestras. Por un lado los profesores no podemos excusarnos en que nosotros enseñamos y es rollo del alumno si no quiere aprender, porque el fin de la docencia no es en dar una clase sino que el alumno aprenda. Por el otro, los alumnos no podemos excusarnos en que no aprendimos porque el profesor no enseñó, porque en la mayoría de los casos “el que verdaderamente quiere aprender puede hacerlo con el profesor, sin el profesor y a pesar del profesor”.

En conclusión: no nos hagamos bueyes… “ni sobra el que está, ni falta el que no vino”.

Referencia: ¿Déficit de atención de los alumnos o déficit de atracción de los profesores?

A propósito del cubetazo!

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Algunos me han pedido mi opinión sobre el célebre “Ice Bucket Challenge”, como no tenía claro qué pensar de ello, ni estaba muy interesado en el asunto, salía del paso contestando: “ni que fuera la reencarnación de Carlitos Monsivaís, como para poder opinar sobre cualquier cosa”. Por coincidencia me han invitado a platicar en la radio y presiento, para mi desgracia, que éste será tema de conversación. Así que ni modo, saco a la Carmencita Salinas que todos llevamos dentro y les digo lo que creo… aunque a nadie le importe.

Desde la perspectiva del que lanzó la campaña. Me parece una movida genial, un excelente ejemplo de ingeniería social. Un ejemplo de cómo las características del hombre, como especie, hacen que seamos moldeables, persuasibles, manipulables. En lo dicho, somos seres simbólicos, sociales y “racionales”. Somos seres simbólicos, el reto se hizo viral porque personas “importantes” lo hicieron; ellos son un símbolo de “éxito” y todos queremos ser como ellos, tener éxito; somos seres sociales, nos encanta sentirnos parte del grupo, sobre todo del grupo exitoso, así que la presión social nos arrastra; somos seres “racionales”, así entre comillas, porque nuestro primer instinto es buscar la gratificación inmediata de correr con la masa, sin pararse a pensar si realmente queremos ir para donde van ellos. Somos simplemente humanos.

Desde la perspectiva del que hace el reto (Y lo comparte en Facebook). Pienso lo que muchos de ustedes, que para la gran mayoría (pero estoy muy seguro que no para todos) es una oda al ego. Ya lo saben, el narcisismo suele ir por allí disfrazado de altruismo. En nuestra sociedad, por desgracia, lo importante no es ser bueno, sino parecer bueno. Sin embargo, creo que ésto (hacer el reto y compartirlo) es necesario (para la causa), es casi obligatorio (no es obligatorio tirar el agua, prefiero las otras variantes) para las figuras públicas. Será narcisismo, o será el sereno, pero funciona. Si no se comparte (sobre todo si eres un personaje público) no hay presión social; si no hay presión social, por desgracia, no hay dinero para la causa.

Desde la perspectiva del que critica a los que hacen el reto por tirar el agua. Estoy de acuerdo, no hay que tirar el agua. Sin embargo, creo que la gran mayoría somos sólo unos hipócritas. Lástima que no soy omnisciente (no puedo saber lo que están pensando, ni lo que hicieron), pero podría apostar mi fortuna (que no es mucha) que la mayoría de los que criticaron no pensaron en ello la siguiente mañana, cuando se bañaron y tiraron el agua de lo lindo. Es decir, estoy muy de acuerdo con la crítica (debemos cuidar el agua), pero no con el crítico de sillón (sin acciones). Para los que critican y desde entonces cuidan más el agua… bravo!

Desde la perspectiva del que critica a los que hacen el reto por narcisistas. Muchos criticaron el hecho de hacer pública su participación y en general estoy de acuerdo, normalmente no hay necesidad de vanagloriarse tanto. Sin embargo, sin este cachondeo comunitario no habría habido tanta presión social, habría menos participación y, por lo tanto, menos recaudación. Si bien creo que nadie tiene obligación de apoyar alguna causa en específico (porque tiene todo el derecho a apoyar la causa que quiera, así sea a la suya), creo que, cuando se trata de ayudar al prójimo, prefiero un narcisista generoso que un crítico perezoso y avaro. A los dos les tengo que escuchar sus pavoneos, pero al menos a uno le puedo sacar la cena. Los que critican las formas, proponen mejores opciones y las aplican… aplausos!

Desde la perspectiva del que no ha sido invitado a hacer el reto. Lo sé, están desesperados porque alguien los invite. Tranquilos, no se apuren, siempre puede decir como el zorro en la fábula de Esopo, “al cabo que ni quería”.

Fuente de imagen: businessinsider.com

Persuadiendo a través de las redes sociales

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Fuente de imagen: peru.com

Todo aquel que se ha enamorado y que no ha sido correspondido sabe que no hay manera de forzar a alguien para que les ame. Puede esforzarse en demostrarle que le ama (por ejemplo a través de los lenguajes del amor) y puede intentar despertarle la pasión al ofrecerle lo que el otro desea, pero al final es siempre una decisión individual. No hay manera de forzar el amor. Los negocios tampoco pueden forzar a sus clientes a comprarles, les pueden dar promociones, pueden hacer estudios de mercado para conocer sus preferencias, pero al final, el cliente decide. La decisión de comprar a una compañía en particular, normalmente está en manos del cliente.

Lo que sí se puede hacer es tratar de persuadir a los clientes a comprar en la empresa. Según Robert Cialdini (2011), hay 6 estrategias básicas de persuasión: reciprocidad, consistencia, validación social, autoridad, gusto y escasez.

  1. La reciprocidad. Se refiere a la tendencia a devolver un favor. Por ejemplo, en la etapa de cortejo muchos hombres intenta dar tantas muestras de cariño a las mujeres como les es posible. Algo así como dar alguna promoción, un pequeño regalo, con tal de que luego les compren el producto. Entonces las invitan a comer, lavan los trastes o platican alegremente con la posible suegra. Este tipo de comportamientos genera en las mujeres, aunque ellas no siempre se den cuenta, una especie de deuda que se sienten obligadas a pagar. Muchas empresas hacen lo mismo para influenciar a sus clientes, dan regalos, ofrecen promociones, te sonríen, te llaman por tu nombre, te dicen que eres lo más importante, etc. En las redes sociales esta estrategia es muy utilizada en Twitter, la mayoría de las personas sigue a quien le sigue. Las empresas lo saben y entonces hacen un seguimiento masivo con la seguridad que un alto porcentaje les devolverá el “favor”. Así las empresas consiguen, de forma rápida y barata, a cientos de seguidores o consumidores de su información.
  2. El compromiso y la consistencia. Se refiere a la tendencia que tienen las personas, seguramente no todas, a mantener un compromiso una vez que lo han declarado públicamente. Es probable que los rituales relacionados con el matrimonio tengan su origen en esta tendencia, el anillo de compromiso, la fiesta de despedida, e incluso la declaración del status y los mensajes románticos en el muro de Facebook, son una manera de presionar, seguramente de manera inconsciente, a la pareja para que cumpla con su compromiso. Si una empresa logra que una persona hable bien de ella, o sus productos, a través de las redes sociales, incrementa la posibilidad de que mantenga el compromiso por comprarle.
  3. La validación social. Se refiere a la tendencia de formar parte de un grupo, de hacer lo que los demás a tu alrededor hacen. Existe una tendencia a creer que lo aceptado por los demás debe ser bueno. Quizás por ello, más de uno contará que estuvo soltero una larga temporada y nadie se interesaba en él, sin embargo, en cuanto tuvo pareja le aparecieron los pretendientes. En el caso de los negocios, las empresas suelen presumir sus elevadas ventas, su cantidad de clientes, etc. En las redes sociales, en Twitter por ejemplo, el número de seguidores que tiene una cuenta es uno de los criterios básicos para que otros lo sigan. Un círculo virtuoso perfecto.
  4. La autoridad. Se refiere a la tendencia a obedecer a cualquier figura de autoridad, aún y cuando no se esté de acuerdo con lo que se le pide. Quizás debido a ello no son poco común las relaciones románticas entre figuras de autoridad y sus subordinados. Las empresas muestran sus certificaciones o contratan a personas con cierto prestigio para que promocionen sus productos. Es muy importante que las empresas preparen un perfil de redes sociales que demuestre credenciales o autoridad en el área donde se desempeñan. Asimismo pueden utilizar personas con mucha influencia en la red para hacer promoción de sus productos o simplemente presumir que les están siguiendo.
  5. El gusto. Es la tendencia a dejarse llevar por las personas que nos resultan agradables. Se sabe que las personas con características físicas consideradas bellas tienen acceso más fácil a los recursos sociales. Simplemente que se considere bella a una persona hace que sea más difícil negarle algo. Consientes de ello las empresas contratan, para sus promociones y ventas, mujeres y hombres considerados bellos. Por esta razón, una de las recomendaciones al crear la imagen de la empresa es que quien las administra, quien da la cara a los clientes (aún de forma virtual) sea una persona agradable a la vista y al trato.
  6. La escasez. Es la tendencia a valorar mucho más aquello que parece difícil de obtener. Esta técnica es muy usada por algunas personas cuando le dicen a su pareja “nadie te va a querer como yo” o de forma más poética: “podrás encontrar a quien amar, pero nunca encontrarás alguien que te ame como yo”. Esas frases presentan un escenario en el cual se pierde algo escaso, y seguramente a más de uno le servirá el artilugio para que la susodicha se retracte en su intención de alejarse. Las empresas anuncian promociones, a través de sus redes sociales, o cualquier otro medio, “sólo” para las primeras X personas; o “sólo” por X tiempo.

Sin duda estas técnicas de persuasión son usadas para enamorar a las personas, pero también pueden ser utilizadas por los negocios para enamorar a sus clientes. En la medida que las empresas sean consientes de éstas técnicas podrán hacer mejor uso de ellas.