Las mentadas sombras… y los perros de Estambul

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No es por presumirles pero fui a Turquía y ¿qué creen que vi?… un chorro de Turcos, así como lo leen. También vi algo que nunca había visto y que me tiene tan excitado (emocionado) como a algunos de ustedes, pervertidos, las mentadas “Sombras”… los perros de Estambul.

No soy de esos afortunados que dicen que no se arrepienten de nada de lo que hayan hecho en su vida. Yo sí me arrepiento de muchas cosas. La ignorancia y el coraje son unos desgraciados, y yo un idiota por hacerles caso. Son los peores consejeros y, para mi desgracia, los que gritan más fuerte.

Podría escribir un libro entero contándoles las estupideces que he hecho por escuchar a estos dos, pero como está de flojera, y ustedes ya quieren leer sobre “Las sombras”, sólo resumo brevemente un par de ellas. 1) Coraje. Hace unos 20 años mi madre tenía un perro viejo y noble, que disfrutaba enormemente de la compañía humana y de revolcarse en todo animal muerto que encontraba; llegué a casa frustrado, él movió su cola y feliz salió a mi encuentro, pasó su cuerpo viejo y apestoso sobre mis piernas y enojado lo alejé; 3 veces repetimos el proceso y entonces enojadísimo le grité y le pegué una patada en el trasero; no fue brutal, pero seguro le dolió porque bajó su cabeza y sus orejas, sus ojos se cristalizaron y, en aparente confusión, se acurrucó en una esquina. 2) Ignorancia. Ustedes conocen a Gaia, es el amor de mi vida y es una perrita de raza que compré hace casi 7 años. Hoy estoy consciente que comprar un perro de raza no ayuda en nada a los perros en general, pero entonces no lo hice con mala fe, simplemente actué por ignorancia.

Según los budistas, los únicos tres problemas reales (de los cuales se derivan todos los demás) que tenemos los seres humanos son el apego (a las cosas, las personas, las situaciones), la ignorancia y el coraje. Por separado cada una de ellas es un problema, pero tener las 3 al mismo tiempo es una verdadera desgracia. La situación que viven los perros de la calle en México (y en muchos países) es una verdadera desgracia. Nuestro apego a vivir cómodos nos hace verles como un estorbo cuando ya no nos son útiles; nuestra ignorancia no nos permite analizar el problema en su totalidad, y seguimos comprando perros y promoviendo el maltrato y; nuestro coraje no nos permite ser sensibles a su sufrimiento. Así que si un perro nos quita nuestra “amada” comodidad, nos hacemos como que no sabemos nada y los eliminamos de nuestras vidas, como a los mosquitos. Hay millones de perros callejeros sufriendo hambre y frio en México.

En Estambul pasa algo que, ante mis ojos, resulta extraño, ilustrativo y esperanzador. Hay miles de perros y gatos callejeros, pero todos lucen gordos y sanos. Duermen y pasean en los parques, museos y demás lugares públicos. Al parecer, para los Turcos, ellos (los perros y gatos) tienen tanto derecho de usar los espacios públicos como cualquier ciudadano con DNI (identificación oficial). Así que es de lo más normal compartir una banca de parque con un hermano canino (foto), tomarse un café en Starbucks con algún amigo minino, o que ambos te reciban en algún museo. Según pude enterarme, los Turcos no suelen tener mascotas en casa pero consideran a los perros y gatos de sus barrios como sus “mascotas”; los alimentan, los llevan al veterinario si se requiere, los miman; pero los dejan libres de ir y venir cuando quieran y dormir donde quieran. La gran mayoría de ellos lleva una especie de identificador en la oreja; luego me enteré que el gobierno, cada determinado tiempo, los levanta, los censa, los esteriliza y los regresa al barrio donde los encontró.

Honestamente no sé si esa sea una solución práctica a largo plazo, quizás me estoy dejando ir por la satisfacción inmediata de ver a los perros y gatos sanos y felices; pero la verdad me da esperanza de que en este momento haya algo de luz… y no sólo “sombras”.

NOTA: lamento haberte decepcionado y no haber escrito sobre las sombras que esperabas…

Todo tiene su momento, y las redes sociales también.

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¿Crees que la hora del día, o el día de la semana, en que le des una noticia a tu novia, papá o jefe puede afectar su reacción?

Lo sé, son muy listos, saben que la respuesta es un rotundo sí. No es lo mismo mostrarle las calificaciones a la mamá un domingo después de la misa, que un lunes a las 8:00 am, cuando va manejando en medio del tráfico. En las redes sociales es lo mismo, el número de likes, comentarios y shares que recibe un mensaje depende, entre otras cosas, del momento en que se publica. Aunque muchos de ustedes no lo leerá.

En este articulo, publicado en la revista Palabra Clave, se analiza el momento en que publican los administradores de las Fanpages de 28 universidades mexicanas y la reacción que éstas generan. Se analizaron 31,590 publicaciones y la conclusión básica es que los administradores de las Fanpages de las universidades mexicanas analizadas no siempre publican en el momento más adecuado.

Lo cual no es tan raro, porque nosotros muchas veces solemos hablar cuando deberíamos callar y callar cuando deberíamos hablar.

Referencia básica:

Valerio, G., Herrera-Murillo, D. J., Rodríguez-Martínez, M.C. Septiembre de 2014.
Asociación entre el momento de publicación en las redes sociales y el engagement:
estudio de las universidades mexicanas. Palabra Clave 17 (3), 749-772.
DOI: 10.5294/ pacla.2014.17.3.8

Muros de Facebook vemos, intenciones no sabemos

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Hasta hace muy poco no entendía por qué la gente suele postear cosas como: 1) “yumi yumi comiéndome una hamburguesa (foto de la hamburguesa)”; 2) “ay buey, ya me está haciendo efecto la hamburguesa (foto de la panza del individuo)”; 3) “aaaahhh, adiós maldita hamburguesa (foto de…)”; y un sinfín de ejemplos similares.

La comunicación es un proceso mediante el cual se trasmite información, sentimientos y pensamientos, con una intencionalidad (Sanchis, 2005). El propósito final de toda comunicación es conseguir una respuesta. A través del mensaje o discurso, el orador desea actuar sobre el pensamiento o la conducta de los oyentes (Monroe, 1973). Desde hace muchos años se reconoce la existencia de tres tipos generales de propósitos del discurso: entretener, informar y persuadir. Para entretener, un discurso busca una respuesta de agrado; para informar, persigue una mayor comprensión y; para persuadir, requiere una respuesta de convencimiento o acción (Monroe, 1973).

El hecho de que cada discurso deba tener únicamente un solo propósito general predominante, no implica que no puedan usarse los demás. En ciertas ocasiones será necesario entretener para poder luego informar, y casi siempre habrá que informar en  el proceso de persuadir (Monroe, 1973).

Así que creo que cuando publicamos en Facebook, o en Twitter, también buscamos informar, entretener o persuadir. Como no podemos leer la mente de las demás, a veces juzgamos los mensajes de los demás desde nuestra óptica, y nos parecen absurdos, sin saber realmente qué busca el emisor. Asimismo también olvidamos que nosotros somos solo uno de los receptores del mensaje, pero hay muchos más personas que quizás tiene necesidades distintas a las nuestras al entrar a Facebook (y quizás disfrutan de dichos mensajes).

Como cualquier persona que utiliza algún medio de comunicación, una persona que entra a Facebook pueden buscar satisfacer cualquiera de éstas necesidades: (1) cognitivas: información, conocimiento, comprensión del medio ambiente, curiosidad, exploración; (2) afectivas: experiencias emocionales y placenteras; (3) integrativas individuales: autoestima, confianza y estabilidad individual; (4) integrativas sociales: afiliación, pertenencia a un grupo; (5) escapistas: diversión, alivio de tensiones (Katz, Gurevitch y Hass, 1973).

Como profesor mi principal labor no es entretener, que para eso está Homero Simpson y lo hace muy bien; tampoco es informar que para eso están los noticieros y demás fuentes de información; mi principal labor es persuadir al estudiante a aprender, experimentando, reflexionando, leyendo, escuchando. Sin embargo, para poder persuadir muchas veces tienes que entretener e informar. Ya lo dijo Aristóteles hace como 2400 años, para persuadir requieres ethos (credibilidad o autoridad de quien da el mensaje), pathos (las emociones que desencadena el mensaje) y logos (la lógica del mensaje).

Estoy seguro que así como yo he criticado alguna vez al que publica una tontería (desde mi óptica), también más de una vez he sido criticado por decir chistes y hacer bromas en clase. Ya podré defenderme diciéndoles que “así como muros vemos intenciones no sabemos; actividades en clase vemos, objetivos de aprendizaje no sabemos”.

Referencias:

Katz, E., Gurevitch, M. & Hass, H. (1973). On the Use of the Mass Media for Important Things. American Sociological Review 1973, 38, 164-181

Monroe, A., & Ehninger, D. (1973). La comunicación oral: técnica y arte del discurso y del informe / por Alan H. Monroe, Douglas Ehninger; traducido por Juan Farré Miró. Barcelona (España): Editorial Hispano Europea [1973?].

Sanchis, J. (2005). Comunicar con éxito: teoría y práctica de la comunicación / José Luis Sanchis. [Barcelona]: Gestion 2000, c2005.

Para aprender: “ni sobra el que está, ni falta el que no vino”

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La primera vez que me fui de pinta (hacer todo el proceso de ir a la escuela, pero irte de vago y no entrar a clases) tenía 10 años.

En la primaria me iba a entrenar baseball. En la Secu nunca me dejaban entrar porque no traía el cabello bien cortado, no llevaba la camisa oficial, los tenis indicados, la tarea, y ya no sé no por qué más; así que aprendí a brincarme la barda para entrar (¿Ven que sí quería estudiar?) y luego me di cuenta que esa habilidad era mejor aplicarla en el sentido inverso, para salir (¿pero qué haces atarantado, si allá afuera está el carnaval?). En el bachillerato y la universidad ya no odiaba tanto la escuela, sólo entrar a clases, así que asistía regularmente a la escuela, pero no tanto al salón de clases.

A pesar de ello, durante mi vida he intentado aprender tanto como he podido. Si no sé más es porque estoy muy buey, porque no he sabido sacarle más provecho a esa cosa que cuelga sobre mis hombros. A mí siempre me gustó aprender, lo que nunca me gustó fue la escuela. A pesar de ello creo que lo mejor de ser alumno, e ir a la escuela, es la posibilidad de que un profesor te facilite el aprendizaje.

Hay un tipo de alumnos y un tipo de profesores que no me agradan mucho: los profesores que culpan a sus alumnos de no poderles enseñar debido su “déficit de atención” (la de los alumnos); y los alumnos que culpan a sus profesores por no aprender por su “déficit de atracción” (la de los profesores). Quizás no me gustan porque ambos me recuerdan a mí, y mis errores.

La docencia sin aprendizaje es un sinsentido; pero el aprendizaje puede tener perfecto sentido sin un docente. Ya lo dijo Wikipedia, el autoestudio, las experiencias, la reflexión y la observación pueden ser excelentes maestras. Por un lado los profesores no podemos excusarnos en que nosotros enseñamos y es rollo del alumno si no quiere aprender, porque el fin de la docencia no es en dar una clase sino que el alumno aprenda. Por el otro, los alumnos no podemos excusarnos en que no aprendimos porque el profesor no enseñó, porque en la mayoría de los casos “el que verdaderamente quiere aprender puede hacerlo con el profesor, sin el profesor y a pesar del profesor”.

En conclusión: no nos hagamos bueyes… “ni sobra el que está, ni falta el que no vino”.

Referencia: ¿Déficit de atención de los alumnos o déficit de atracción de los profesores?

A propósito del cubetazo!

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Algunos me han pedido mi opinión sobre el célebre “Ice Bucket Challenge”, como no tenía claro qué pensar de ello, ni estaba muy interesado en el asunto, salía del paso contestando: “ni que fuera la reencarnación de Carlitos Monsivaís, como para poder opinar sobre cualquier cosa”. Por coincidencia me han invitado a platicar en la radio y presiento, para mi desgracia, que éste será tema de conversación. Así que ni modo, saco a la Carmencita Salinas que todos llevamos dentro y les digo lo que creo… aunque a nadie le importe.

Desde la perspectiva del que lanzó la campaña. Me parece una movida genial, un excelente ejemplo de ingeniería social. Un ejemplo de cómo las características del hombre, como especie, hacen que seamos moldeables, persuasibles, manipulables. En lo dicho, somos seres simbólicos, sociales y “racionales”. Somos seres simbólicos, el reto se hizo viral porque personas “importantes” lo hicieron; ellos son un símbolo de “éxito” y todos queremos ser como ellos, tener éxito; somos seres sociales, nos encanta sentirnos parte del grupo, sobre todo del grupo exitoso, así que la presión social nos arrastra; somos seres “racionales”, así entre comillas, porque nuestro primer instinto es buscar la gratificación inmediata de correr con la masa, sin pararse a pensar si realmente queremos ir para donde van ellos. Somos simplemente humanos.

Desde la perspectiva del que hace el reto (Y lo comparte en Facebook). Pienso lo que muchos de ustedes, que para la gran mayoría (pero estoy muy seguro que no para todos) es una oda al ego. Ya lo saben, el narcisismo suele ir por allí disfrazado de altruismo. En nuestra sociedad, por desgracia, lo importante no es ser bueno, sino parecer bueno. Sin embargo, creo que ésto (hacer el reto y compartirlo) es necesario (para la causa), es casi obligatorio (no es obligatorio tirar el agua, prefiero las otras variantes) para las figuras públicas. Será narcisismo, o será el sereno, pero funciona. Si no se comparte (sobre todo si eres un personaje público) no hay presión social; si no hay presión social, por desgracia, no hay dinero para la causa.

Desde la perspectiva del que critica a los que hacen el reto por tirar el agua. Estoy de acuerdo, no hay que tirar el agua. Sin embargo, creo que la gran mayoría somos sólo unos hipócritas. Lástima que no soy omnisciente (no puedo saber lo que están pensando, ni lo que hicieron), pero podría apostar mi fortuna (que no es mucha) que la mayoría de los que criticaron no pensaron en ello la siguiente mañana, cuando se bañaron y tiraron el agua de lo lindo. Es decir, estoy muy de acuerdo con la crítica (debemos cuidar el agua), pero no con el crítico de sillón (sin acciones). Para los que critican y desde entonces cuidan más el agua… bravo!

Desde la perspectiva del que critica a los que hacen el reto por narcisistas. Muchos criticaron el hecho de hacer pública su participación y en general estoy de acuerdo, normalmente no hay necesidad de vanagloriarse tanto. Sin embargo, sin este cachondeo comunitario no habría habido tanta presión social, habría menos participación y, por lo tanto, menos recaudación. Si bien creo que nadie tiene obligación de apoyar alguna causa en específico (porque tiene todo el derecho a apoyar la causa que quiera, así sea a la suya), creo que, cuando se trata de ayudar al prójimo, prefiero un narcisista generoso que un crítico perezoso y avaro. A los dos les tengo que escuchar sus pavoneos, pero al menos a uno le puedo sacar la cena. Los que critican las formas, proponen mejores opciones y las aplican… aplausos!

Desde la perspectiva del que no ha sido invitado a hacer el reto. Lo sé, están desesperados porque alguien los invite. Tranquilos, no se apuren, siempre puede decir como el zorro en la fábula de Esopo, “al cabo que ni quería”.

Fuente de imagen: businessinsider.com